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sábado, 30 de octubre de 2010

¿Truco, trato o patadón en las gónadas?

No puedo más con el Disney Channel de los huevos. Cualquiera que tenga una niña de menos de 10 años en casa, sabrá a qué me refiero. Es oír aunque sea de lejos a Hanna Montana o a los Acojonas Brothers y no se por qué extraña razón  me empiezo a plantear  la adquisición de un buen lanzallamas,  unas simpáticas bombonas de gas mostaza o un Kalashnikov de oferta en el Carrefour.

Más que nada porque según mi humilde parecer, no hay Dios que encuentre por donde coger semejantes pendejadas. Vamos, que historias y mitos como los Reyes Magos,  el ratoncito Pérez, o el Ministerio de Igualdad  han demostrado históricamente tener argumentos absolutamente consistentes comparados con las peripecias de una niñata con cara de pan de Busdongo que pasa de super estrella que te cagas a niñata anónima con sólo quitarse de la cabeza una peluca rubia modelo  scotch brite o las inenarrables aventuras de tres pipiolos de sonrosadas mejillas que lo mismo van al "insti" a mezclarse con la plebe, que  pulsan un botón y les sale del ojete una guitarra una batería y un fliscornio con los que hacen vibrar a las enfervorizadas masas de seres con hormonas en ebullición y espinillas explosivas .

Ya sé que no es novedad esto de las series de adolescentes descerebrados. Ni mucho menos. No es que reclame a gritos la vuelta a los valores de Verano Azul, que también le roncaba los perendengues en el tema de la ñoñería,  pero al menos se exaltaban valores patrios como por ejemplo ese Chanquete poniéndose ciego a tintorros  en la tasca, el chiringuito cutre playero de colores titanlux, los bocatas de chorizamen que se calzaba el Piraña (con quien, mira tú por donde, coincidí en una boda hace años),  o el flequillamen de machote hispánico asiduo de los coches de choque  que lucía Pancho. 

No sé si será por el pernicioso efecto de Disney Channel, pero ayer por la noche, me sorprendió una algarabía proveniente de algún punto indeterminado del edificio, producida por una pandilla de zagales que iban tocando alegremente los timbres (y los cojones) de la vecindad al grito de "truco o trato". Cuando sonó el timbre de mi puerta, consumándose la palpación escrotal, reconozco que ni me molesté en abrir. Eso sí, los simpáticos muchachuelos cumplieron con su parte, dado que al no haber trato optaron por el truco y largaron el felpudo escaleras abajo. Fue mi mujer quien descubrió esta mañana el ilícito perpetrado. La verdad es que a juzgar por la mariconada de truco, se ve que los nenes eran de Disney Channel. Menos mal, porque si llegan a ser de Verano Azul, igual se mean en la puerta y me siliconan la cerradura,  costumbres estas  mucho más hispánicas. Donde va a parar...

En fin, que las hordas yankis han entrado a calzador hasta en estos temas, y ya no se estila representar el Tenorio e inflarse a huesos de santo sino hacer caretos con calabazas y celebrar Halloween que, dicho sea de paso, hay que reconocer que es bastante más divertido y comercial. Los americanos de esto saben un huevo. Basta ver que por allí los regalos de Navidad los reparte un señor mayor con sobrepeso  empleado de Coca Cola que va volando en un trineo con un reno al frente que se llama Rodolfo y  al que se le enciende la nariz, y no se extraña nadie. Más bien se quedan tan pichis. Que digo yo que esta gente se mete pastillas muy raras.  

En España hasta hace poco lo resolvíamos con los Reyes Magos, que vienen de Oriente con unos camellos siguiendo una luz en el cielo y reparten los regalos en un plís sin estresarse un pijo. Y es que aquí siempre hemos sido más de porros. 

De todos modos, si quieren sumarse a la moda  y celebrar Haloween en condiciones, les sugiero que apaguen las luces,  se pongan una linterna debajo del careto y le cuenten a sus hijos historias de auténtico terror, como aquella que contaba como un alcalde se ponía palote con los morritos de la Pajín ( te has pasao siete parroquias y dos concesionarios de Seat, Francisco), o la del escritor que se trajinaba japonesas de trece años (ojalá te taladre un Mandingo superdotado Fernando). Y si es usted un padre vago o no tiene linterna, no se preocupe: póngale a los nenes un DVD con los grandes éxitos del Congreso de los Diputados y ahí seguro que se cagan por la pata abajo sin esfuerzo alguno por su parte.
God bless America!

1 comentario :

  1. Ctack mañana nos reimos un rato con las calabazas fluorescentes, jajajajajaj

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