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viernes, 7 de enero de 2011

El bucle infinito, el bucle infinito, el bucle infinito...

Enero: año nuevo, libro nuevo. Me encanta ese olor indescriptible que despiden las páginas recién estrenadas, preludio de una historia mágica llena de emoción, de novedades, de sorpresas... a partir del capítulo primero ya no hay vuelta atrás. La emoción me embarga.

Febrero: los primeros capítulos no están mal. Puede que por fin esta sea la historia que buscaba. Estoy lleno de una esperanzada ilusión. Siento un cosquilleo en el estómago. El olor ya no es tan intenso como el primer día, pero ¡Qué bien huele la tinta!

Marzo:  la lectura va bien, aunque el ritmo ya no es el de antes. La trama no es tan buena como esperaba pero seguro que en cualquier momento la cosa se pone emocionante. Me gusta ver mi libro sobre la mesita. Algunas hojas ya están un poco sobadas, pero bueno...

Abril:  algunas veces me tengo que forzar  un poco para seguir leyendo. Creo que la historia ya me empieza a irritar un poco, pero seguro que es cosa del cansancio. Debo centrarme.

Mayo: esta mierda ya me tiene harto. Es ver la portada y me entra el desasosiego. Lo tengo que guardar en el cajón de la mesita porque el olor me asquea un poco y no me deja dormir bien. ¡Que carajo le pondrán a la tinta! Tal vez sea la primavera que me afecta un poco.  Me hago firme propósito de llegar hasta el último capítulo. Lo juro.

Junio: ya ni siquiera se donde coño está la mierda del marcapáginas. Cada vez que termino de leer marco la página de este panfleto infecto con un escupitajo. Menos mal que queda poco para las vacaciones...

Julio:  a causa de los escupitajos ya no es posible abrir ninguna de las páginas que  llevo leídas, pero no me importa. ¿Quién quiere volver las vista atrás? Cuando acabe con este infame libelo se va directo al cubo de la basura. Como tenía dudas ecológicas he llamado a Greenpeace y me han dicho que debo depositarlo en el contenedor de residuos orgánicos en lugar de en el contenedor azul. Tal vez mis múltiples referencias escatológicas hayan tenido algo que ver. El tío de Greenpeace me ha preguntado si me encontraba bien, el muy capullo.

Agosto:  hoy comienzo mis vacaciones. En torno al libro ya empiezan a revolotear las moscas y algunos insectos reptadores que no he podido identificar. La mancha de pizza en la portada debe tener bastante que ver. A la vuelta de vacaciones lo limpio y sigo con la lectura. Lo juro

Septiembre: al tratar de sacar la mancha de mozzarela y anchoa de la portada se ha corrido toda la tinta. Ahora parece un cuadro de Barceló pero con olor a Frutti di Mare. Mi novia me ha dado un ultimátum: el libro o ella. Le he contestado con los ojos desorbitados que pensándolo fríamente el libro me lleva jodiendo salvajemente nueve meses, y que ante semejante cantidad de sexo no tengo dudas. Creo que no ha sido buena idea. Ahora tengo un importante derrame en un ojo y mis gafas siguen sin aparecer por ninguna parte.  Me he ido a ver a Afflelou y me ha regalado un segundo par de gafas por sólo un euro más. Debe de ser que es gilipollas

Octubre: soy un gilipollas. Las segundas gafas de Afflelou resultaron ser un asco. No debería haber pagado más de 50 céntimos. Ya se me ha escojonado una patilla y el cristal derecho tiene más rayas que el lavabo de un after. Además hoy comenzaban mis sesiones de psicoterapia con el doctor Fernando Polleti, un argentino eminente que me ha recomendado mi exnovia. Después de una hora abriendo las puertas de mi alma, el portero me ha dicho que el loquero es en el 2º derecha. Debería haberme dado cuenta de que estaba tumbado en el descansillo y  de que no era normal que el tío llevara un mono azul,  un mocho mugriento y un palillo entre los dientes. He llamado al doctor y me ha reprendido fuertemente por mi falta de seriedad al no presentarme a la sesión. También me ha dicho que le debo 200 del ala.


Noviembre: he mandado al pedo al terapeuta argentino, que  resultó ser un pelotudo de mierda. 2000 euros al cuerno y no he avanzado ni un sólo capítulo por comerme la bola con las huevadas de ese guacho ¡La recontraputa madre que lo parió al boludo de mieeeeeeerda!

Diciembre: aprovechando los días libres he conseguido terminar de leer este engendro del maligno yo solito. Al final no ha sido para tanto. Me quedo con los buenos momentos de la historia, que aunque son pocos, merecen la pena ser recordados. Es Navidad y me siento ilusionado porque el año próximo seguro que mi libro será mucho, pero mucho mejor.

Donde va a parar...

2 comentarios :

  1. me gusto!es bastante yo jajajajayo empiezo este enero tb con buenos propositos... a ver si me mantengo en linea reca y no con subidas y bajadas.... un beso!

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