
Y es que ya de entrada lees con estupefacción que una moda incipiente llamada "tampodka" se extiende entre algunos zagales y zagalas de coeficiente intelectual magro y hormonas en ebullición, que ya no se conforman con el tedioso botellón de toda la vida para entrar en trance etílico y deciden dar un paso más en su incansable búsqueda de la imbecilidad extrema. Así pues, la nueva práctica no puede ser más simple: en un chupito de vodka, preferentemente de garrafón marca Cutroff -más que nada porque el sabor da lo mismo- se introduce un tampón de esos que permiten saber a qué huelen las nubes en esos días del ciclo y, una vez bien empapado, se inserta con decisión por el orto o por el ocaso, según los gustos y/o posibilidades anatómicas del usuario/a.
La cosa es que en cuestión de un periquete, el/la sufrido/a jovenzuelo/a tiene una hermosa intoxicación etílica gracias a las mucosas íntimas y su proverbial capacidad de absorción de bebidas espirituosas con pase inmediato al torrente sanguíneo. Y todo ello directo al cerebro y sin castigar el hígado tontamente de modo que, quedar te quedarás gilipollas, pero con la certeza de que de cirrosis ni rastro, oiga.
De este modo se aúnan eficacia, rapidez y economía garantizando una reducción drástica de los niveles de sangre en alcohol, con la ventaja añadida de que a los muchachuelos no les huele nada de nada el aliento al llegar a casa por la mañana, tras salir de la UVI habiendo superado con cierto éxito el coma etílico. Mamá y papá ni se darán cuenta salvo que te pillen el parte de alta médica que, como eres imbécil, guardas en el bolsillo del pantalón. Divino.
Y una vez que reunes el valor suficiente, te acomodas un poco la almohada y pulsas otro enlace aleatoriamente en la pantalla de tu Chamchungesetrés o tu Aifoncinco a ver si hay un poco de suerte y te encuentras con alguna noticia normal que te impulse a levantarte de la cama.
Pero he aquí que te topas de bruces con Aznar -que por fin se ha sacado el cinturón negro décimo dan de inmovilidad supralabial- amenazando con volver a la política, a Rubalcaba diciendo que le horroriza la paja en el ojo ajeno mientras trata de desincrustarse sin éxito la viga del suyo, y una foto del televisor que usa Rajoy para asomarse de vez en cuando a dar explicaciones que, apagado, tristón y sin pilas en el mando a distancia, guarda un respetuoso silencio. Ahí ya empiezas a valorar la posibilidad de levantarte de la cama y bajar al chino a pillarte unos tampax de imitación y una garrafa de cinco litros de Cutroff.

Que digo yo que, ya puestos, no estaría de más que el señor Cardenal mande a sus alumnos a hacer las prácticas al Congreso, más que nada porque si se les va la mano con el exorcismo y estropean el género no se pierde gran cosa. Los experimentos con gaseosa, las cosas claras y el vodka- hagan el favor- por vía oral.
Y al final, miren ustedes por donde, uno se levanta de la cama con la inquietante sensación de que la mejor noticia del día es la del exorcismo.
¡Manda tampones...!